sábado, diciembre 10, 2005

Nacionalismos y nazionalismos


La subida de Ollanta Humala en las preferencias electorales es una de las cosas más importantes que han ocurrido en la política peruana, pues pone en todos los espacios de discusión temas que parecían olvidados. Evidentemente no lo estaban para la gente. Hace semanas quiero escribir un post o varios sobre el tema, pero me ha sido imposible concentrarme lo suficiente en algo que considero bastante complejo.


Hoy, el blog Perú Político publica un interesante artículo sobre el nacionalismo y los Humala, en el que Ignazio De Ferrari explica brevemente los antecedentes de las ideologías nacionalistas. Copio algunos fragmentos:

En términos descriptivos, el nacionalismo envuelve aquellas ideas y anhelos centrados en la afirmación de metas nacionales y en especial la construcción y mantenimiento en el tiempo de un estado-nación. Por el contrario, visto desde una posición crítica y distanciada, el nacionalismo puede ser entendido como las aspiraciones militantes, por lo general intolerantes, para las cuáles el valor máximo es el honor y el poder de la propia nación.

Históricamente, la nación se gesta en la época en que la justificación tradicional del gobierno feudal, absolutista y religioso empieza a perder legitimidad y es remplazado por concepciones mundanas acerca de cómo debe estar organizado el estado unitario. Es así que en el siglo XIX surgen los nacionalismos en las principales potencias europeas, ya sea en el proceso de la formación del estado (Italia, Alemania) o en estados ya consolidados como Francia o Inglaterra.

El nacionalismo en su expresión más intolerante llegó a su punto máximo con el nacionalsocialismo alemán. El proyecto racista de Hitler condujo a Europa a la Segunda Guerra Mundial y al aniquilamiento de seis millones de judíos.

Para comprender el nacionalismo hay que partir de un entendimiento del significado de la nación. En ese sentido, una distinción útil es aquella entre la concepción voluntarista y naturalista de la nación. La primera se encuentra en el centro de la definición del filósofo francés de finales del siglo XIX, Ernest Renan, cuando dice que la nación es un “plebiscito cotidiano”.

Para Renan la nación se basa en el deseo de sus individuos de vivir juntos. Si bien ese deseo se sostiene en el pasado en la noción de un legado común dejado por las generaciones anteriores, en el presente se justifica en la voluntad solidaria de sus integrantes de mantenerse en comunidad.

Por el contrario, como señalaba el filósofo español Manuel García Morente en 1938,

“las teorías naturalistas son aquellas que consideran que la esencia de la nación consiste en una cosa natural; por ejemplo, la sangre, la raza, o un determinado territorio de fronteras bien definidas geográficamente, o el cuerpo material de un idioma, un montón de vocablos”. En ese sentido, para los nacionalistas vascos, su identidad se basaba en la trilogía “lengua-raza-nación”
(...)

El nacionalismo a la Humala puede ser fácilmente encuadrado como de tipo naturalista. El padre ideológico y biológico de Ollanta y Antauro, Isaac Humala considera que la raza cobriza debe llegar al poder para reivindicar a los marginados.


Hay que tener cuidado al equiparar a Ollanta con Antauro o Isaac. Asumir que Ollanta es un Isaac disfrazado me parece tan injusto como decir que Lourdes Flores es un Rafael Rey disfrazado (o peor, pues Ollanta no ha integrado a su padre en su movimiento). Al mismo tiempo, la sospecha es pertinente e importante. Al igual que la presencia de Rey (o el racismo de su padre, sin ir más lejos), nos hace desconfiar de Lourdes, la crianza de Ollanta en las ideas de su padre es para preocuparse.

Pero, para ir a asuntos más de fondo, el artículo citado se centra en la tradición nacionalista europea. Es muy importante conocer eso porque nuestros Estados-Nación se basan originalmente en esa tradición, pero también tienen toda una historia propia, que no es contemplada en la interpretación expuesta.

En América Latina el nacionalismo ha designado dos tipos de ideología diferentes, aunque no siempre diferenciados en la práctica:
  • La defensa, generalmente violenta, de un territorio y ciertos símbolos y tradiciones, frente a los países vecinos.
  • La voluntad y búsqueda de un pueblo para decidir por sí mismo la manera en que se gobernará y administrará sus recursos.
La primera fue intensamente promovida por las grandes potencias, particularmente durante el siglo XIX. La segunda, en cambio, ha sido objeto de los máximos ataques de su parte, particularmente en el siglo XX. No sólo se promovió intervenciones armadas (Nicaragua, El Salvador, Chile, y muchos etc.) sino también una larga campaña de "demolición cultural", esto es, convencernos a todos (con películas, libros, discursos intelectuales) de que Nacionalismo es una mala palabra.

En el caso de Ollanta Humala, no hay que olvidar que se trata de un militar, formado en el odio a países vecinos, la adoración de símbolos y el respeto acrítico a jerarquías. Pero tampoco hay que dejar de rescatar en su discurso, y sus seguidores, la búsqueda de autodeterminación de un país que parece en remate hace tanto tiempo.

8 comentarios:

malaspectoso dijo...

Es bastante cierto que a través de un contundente aparato de "propaganda" se ha logrado que la palabra "nacionalismo" despierte por lo menos suspicacia. Uno piensa de inmediato en Hitler, en Velasco, y en marchas de soldados en película vieja de tonos sepias.

En cambio es de buen talante usar palabritas como "Globalización", "ciudadanos multiculturales", "apertura posmoderna", etc, palabrejas que corren en nuestra pantalla mental con un fondo a todo color, lleno de efectos especiales, chicas esbeltas y una bien trabajada voz en off.

En nuestro país las personas que han recibido una educación liberal (la mayoría de los políticos, empresarios, periodistas y dueños de los medios de comunicación) desconfían o desprecian cualquier alusión al "nacionalismo" (de cualquiera de los dos tipos), porque justamente viven en la ilusión "liberal" de hallarse insertados en un mundo que dejo atrás ese tipo de conceptos. Viajar a Nueva York, el posgrado en Holanda, comer en un restaurante de comida tailandesa: el goce individual, el consumo ostentoso, la gestión eficaz de la vida propia, en eso radica para ellos el secreto de vivir una buena vida. Cualquier "problema" se resuelve yendo al terapeuta o tomándose unas pepas.
Eso es ser un triunfador. El que no puede hacer lo mismo demuestra que es inferior, un perdedor, alguien menos evolucionado, que merece estar exactamente en el lugar en el que se encuentra. Así es la vida pues.

Para aquellos que están inmersos en el individualismo, imaginar la necesidad real de un proyecto nacional implicaría aceptar que tienen algo en común con el resto de nosotros.
Y dentro de la lógica del individualismo eso no sólo es aterrador. Es absurdo. ¿Por qué tendrían que hacerlo? "El mundo funciona bien. Esfuercense lo suficiente y lo verán".

Empezar a aceptar que el Mundo no está nada bien, es empezar a socavar los privilegios de los poderosos. Comenzar a plantear un proyecto de Nación es comenzar a desplazar el discurso individualista del peor cuño. Discurso que sirve para legitimar un orden injusto e inhumano que sólo benefica a unos pocos. Discurso que ha servido para dejar que los codiciosos se apoderen de todo y los poderosos hagan lo¨que se les antoja.

Más allá de lo diga Humala es importante empezar a reutilizar conceptos e ideas fuerza. Y si la palabra "nacionalismo" ya está muy "cargada" gracias a la propaganda, pues buscarse otra. Y empezar a utilizarla ya. Es muy importante tener palabras para pensar y para comunicar.(Orwell ya lo dijo todo al respecto)

Moriarty dijo...

Quizá sólo re-usar el concepto de "imperialismo" en tanto explotación de una potencia extranjera y omnívora. Hablar de Imperialismo ahora parece un sacrilegio para los liberales y tecnócratas de este siglo.

Prefiero el concepto de "colectividad" antes que nuclear los intentos anti-imperialistas bajo el (para mí) incómodo rótulo de "nacionalismo", que frecuentemente involucra demasiada demagogia.

fcoarellano dijo...

señores, si buscan palabras, los invito a pensar en autonomía, aquello que hacen los hermanos zapatistas cuando hablan de "mandar obedeciendo", y que consiste en un empoderamiento del individuo, superando las políticas representativas, centrando a cada sujeto como el actor transformador de su realidad.

litio dijo...

Claro, tiene que ver con la autonomía frente a cierto tipo de agresiones externas (no necesariamente de otros países, en general de poderes políticos y económicos). En eso estamos de acuerdo con fcoarellano. Pero habría que sopesar hasta qué punto poner el énfasis en el individuo y hasta dónde en la colectividad.

Reed Richards dijo...

Ciertamente hay muchísimo que decir sobre el asunto del nacionalismo y la posibilidad de la formación de una nación peruana. En efecto, el mejor nacionalismo es aquel que tiene un "proyecto nacional". Entiéndase, un plan en el que una comunidad, unida por vínculos culturales históricos, de territorio, lengua, etc. propone su futuro con el fin de integrar a todas sus colectividades. Bueno, en ese sentido, las propuestas de Humala no podrían ser más contrarias a la formación de una nación. Siguiendo su formación castrense (por definición un rol NO CIVIL, y por lo tanto solo complementario a lo que la comunidad decida) y, peor aun, el pensamiento "naturalista" de su padre y madre (lenos de un indigenismo utopista bastante trasnochado), su gobierno sería sencillamente un retroceso.

Y no me refiero a cuestiones económicas defendidas por los liberales y los mercantilistas que aseguran que cualuqier oposición al Sano y Sagrado libre mercado solo nos conduciran a un estado económico insostenible, al atraso y a la pérdida de las libertades individuales (cuyas más grandes manifestaciones son el consumo, el ocio y la superficialidad). Me refiero a que un verdadero proyecto de nación pone en su lugar a todos los participantes y no los considera "enemigos" o "inferiores". La "reivindicación" de los sectores marginados (no marginales, esa palabra elude la responsabilidad de muchísimas personas) no se logra con un "vengador andino" que, como dicen muchos en su triste ignorancia, "va a poner a gobernar a los cholos". Lo mismo dijeron de Toledo. Lo mismo se dijo de Velasco. en la representación popular, la reivindicación es solo "destruyan a los que tienen la culpa de mi desgracia". Eso solo trae una división y revanchismo que, finalmente, destruye la misma noción de nación.

En consecuencia, esos nacionalismos son solo una hipertrofia, un cáncer, en todo sentido, de una correcta idea de nación.

litio dijo...

Estoy de acuerdo contigo, pero no he visto declaraciones de Ollanta Humala que hablen de poner a gobernar a los cholos o destruir a los blancos. De Antauro e Isaac sí, pero de Ollanta no. No digo que no las haya, incluso tiendo a pensar que debe haberlas en alguna parte, pero no las he visto. Si alguien tiene alguna cita interesante en ese sentido, pónganla.

Moriarty dijo...

Seria interesante tambien que presente a quienes le elaboran el Plan de Gobierno. Ollanta evita hacerlo, acaso por que sabe que de acuerdo a sus juntas se puede rastrear (a futuro) sus predisposiciones como gobernantes.

Ojo que Antauro está enviando compañeros suyos al congreso. Y el periódico ya no se llama "Ollanta" sino "Antauro"...

litio dijo...

Hablando de juntas de Ollanta